La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible.

El otro día llevé a mis hijos a una clase de inglés extraordinaria. El concepto es diferente a lo que llevo conociendo en lo que se refiere a escuelas de inglés. Los niños no atienden a una clase como tal, sino que hacen actividades como cantar, cocinar, pintar en otro idioma. Y lo pasan bien.

Me dio que pensar ya que últimamente estoy dando clases de analítica web a alumnos que no han estado nunca en contacto con internet (en cuanto a trabajo, me refiero) y al principio me resultaba complicado explicar cómo y por qué el medir online es una tarea estimulante y no un infierno.

Pero he aprendido (esa es una de las cosas por las que adoro impartir clases, porque aprendo muchísimo) que el problema es estudiar analítica web como quien estudia inglés. Si eres un español que ha estado estudiando inglés en España sabes a lo que me refiero. No se puede estudiar de cabeza sin experimentar cada una de las enseñanzas uno mismo.

Entonces... ¿cómo le damos la vuelta al aprendizaje? Metiendo a los alumnos sin que lo sepan en la espiral analítica. Como cuando cantan los niños, lo mismo. Todo aquel que se apunta a una clase de analítica web es porque tiene una web, o quiere tenerla o trabaja en una o está mínimamente en contacto con el mundo online. Es lo mismo que si dentro de tu empresa te preguntan por la analítica web, si lo hacen es porque están interesados, de una u otra forma en saber, en conocer.

La clave está entonces en hacerles cantar sus cosas pero en nuestro idioma. Empezaremos con los datos de tráfico, como el número de accesos a la web, a cuántos les gusta lo que ven, desde dónde llegan, qué páginas son más visitadas, cuál es la relación entre lo que hace el usuario y lo que realmente quieres que haga.

Y entonces entramos en materia, ¿cuánto dinero nos estamos gastando en la web? ¿Qué objetivos nos hemos marcado? ¿Sabemos qué ROI tenemos? ¿Cómo lo averigüamos? Es el momento de cocinar, de tomar las acciones por separado como ingredientes (campañas, afiliados, redes sociales, buscadores...) y ponerlas todas juntas para formar un único plato. Determinemos qué indicadores son los que nos dan el éxito y descubramos qué porcentaje de cada ingrediente hace falta para producir el bizcocho deseado.

Explicar la influencia que cada acción tiene en nuestro beneficio, identificar cuál es la fuente que nos aporta más ingresos, observar las tendencias, estudiar los procesos de venta, segmentar, testar, cambiar, diseñar, optimizar... lo dicho: cocinar los distintos ingredientes que tienen las estrategias de una empresa.

Y finalmente dibujar, generar recomendaciones en base a lo que hemos descubierto y crear uno o varios modelos de cuadros de mando para que los demás sepan por dónde estamos yendo bien o mal, saber qué le importa a cada uno, descubrir nuestras conclusiones y que lo entiendan aunque hablen otra lengua.

Tanto para aprender un idioma, como una profesión, como cualquier otra cosa, no hay nada mejor que introducirlo en la vida diaria, si yo te enseño analítica web (o lees blogs, o estudias libros...) y solamente atiendes, no ves un dashboard en tu día a día, si no te metes a indagar en los datos en algún momento, no servirá de nada. Como el inglés del colegio.

Si estás entrando en el mundo de la analítica web y aún no sabes muy bien cómo cantar, cocinar o dibujar en este idioma, te recomiendo el libro de Avinash Kaushik, basado en aprender de esta manera, metiéndote en materia desde el minuto 1.

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