De todos los cafés del mundo, tuvo que elegir el mío...

El domingo participé en una carrera de nueva creación en Madrid. Consistía en correr 10 km en apoyo a la candidatura de Madrid para albergar los Juegos Olímpicos de 2016. En el mismo, se prometía un avituallamiento a mitad de la carrera, pero los kilómetros pasaban y allí no había nada de nada…, porque no hubo para todos (sí, voy un poco lenta, pero segura :). La llegada también tuvo algo de descontrol. El caso es que se notó que era la primera vez que se organizaba esta carrera.

Sin embargo, el lunes me llegó un email de la organización agradeciendo mi participación en la misma, dejando claro que habrá más convocatorias, y pidiendo disculpas por los fallos que habían tenido en esta primera carrera. Terminaba el correo diciendo que apreciarían comentarios y sugerencias para mejorar.

Creo que este tipo de prácticas son muy inteligentes, la organización tiene mi email, y aprovecha, en las horas siguientes a la carrera, para crear una relación entre el cliente y la marca. La iniciativa me ha gustado. Es cierto que ahora con todo el tema de las redes sociales ya no se le da al email la importancia de antaño, pero la mayoría de las empresas hace uso aún de este sistema de vinculación con el cliente.

La analítica web puede ayudarnos a crear una relación con los clientes a través del email. ¿Cómo? Por supuesto, con segmentación. No basta con mandar un email a quien ha adquirido algo online, dándole más información sobre el producto, ofreciéndole un descuento por accesorios o similar. Esto se puede hacer sin la analítica web. No, yo hablo de buscar un método, por medio de la analítica web, para contactar en el mejor momento con el cliente.

Hay que conseguir información del cliente y crear el modelo que mejor convenga al negocio, dependiendo de lo que se ofrezca en la web. Por ejemplo, si evaluamos la media de días entre compra y compra del cliente, y calculamos cuánto tiempo ha pasado desde esa última compra, podemos usar esta frecuencia, para pillarle el deseo, cuando calculemos que va a volver a comprar.

Hay que encontrar las variables que nos puedan servir para saber cuándo es el mejor momento de atacar: el historial de compras, los ratios de cuando vuelve el cliente, la frecuencia, lo que tarda en comprar… Saber qué segmento de clientes será nuestro objetivo, nos ayudará a darle forma a nuestra estrategia.



El siguiente paso es hacer un test con el contenido de los emails. Un pequeño cambio puede ser suficiente para incrementar el interés en los clientes… Como siempre, hay que definir los diferentes contenidos, los resultados que esperamos obtener (si se refiere a la tasa de apertura, a pinchar en el link, a la tasa de conversión…), lanzar los emails y recoger los datos.

Finalmente, hay que decidir cómo medir el éxito. Me parece importante medir las microconversiones que nos llevarán a la superconversión. Es decir, la que se traduce en euros :)

Las métricas que recojamos, deberemos reportarlas a quien pueda estar interesado, junto con todas aquellas que le ayuden a tomar decisiones, incluyendo nuestras propias conclusiones. Normalmente, ayuda el incorporar una métrica asociada a conversión o beneficio, para construir una evolución del canal y traducir el éxito en euros. Si sabemos lo que nos cuesta mandar un email al cliente, podremos saber el coste que tenemos y el beneficio generado. Así, podremos ir adaptando la estrategia según vayan funcionando las campañas.

Según este interesante artículo , de obligada lectura de Juan Cruz: durante las primeras 48 horas es cuando se abren la gran mayoría de los emails; los lunes son el mejor día para lanzarlo; es vital tener títulos cortos; funciona mejor la personalización del contenido; y a mayor número de links, más posibilidades de que sean enlazados.

Si queremos que entren en nuestro café, habrá que invitarles. No todos tenemos la suerte de Bogart.

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